Nuestro hombre en Guadiana
Conocer las intenciones del adversario forma parte de la propia supervivencia de cualquier comunidad. Los países, los grupos políticos, los medios de comunicación, los lobbys, todos ellos cuentan con sus propios servicios de información. Personas que, bien por ideales, bien por dinero, viven en la clandestinidad representando un papel que no se corresponde con su verdadera actividad: recabar información. Algunos les denominan “fuentes”, otros más prosaicos les llaman “espías”.
Nosotros, después de mucho debatir, de analizar los pros y los contras, hemos aceptado (de mala gana, eso sí, y por mayoría simple) el ofrecimiento que el pasado verano nos hizo una persona bien situada dentro de la estructura federativa. Su nombre en clave: “Ramón”.
En principio nos parecía poco ético aprovecharnos de sus contactos y sus conocimientos de los intríngulis federativos, pero nos convenció. No en una primera reunión (clandestina, por supuesto) sino a lo largo de las conversaciones que fuimos teniendo con esa persona. Su curriculum era impecable: ayudante de Mortadelo en la TIA, echador de cartas al correo en Lacajebe, notificador de multas en la policía montada de Afganistán, y algunos otros destinos que por su propia seguridad no podemos mencionar.
Lo mejor de todo fue que “Ramón”, nuestro hombre en Guadiana, no quería nada a cambio de sus servicios. No era el dinero lo que le movía a filtrarnos datos e información federativa. Suponemos porque sabía que estamos tiesos, pero tiesos de verdad. Esto nos mosqueó. ¿Quién es capaz de dar algo a cambio de nada?, ¿No será una intoxicación?, ¿Cómo podremos comprobar la veracidad de sus aportaciones?. Sin embargo, “Ramón” cada vez que nos entregaba un dossier, con gran riesgo para su integridad nos decía: -”Compruébenlo ustedes y si no los convence tírenlo al río” (de ahí su nombre de guerra). Y lo comprobábamos y el tío acertaba y nos iba convenciendo. Ramón, una noche, después de unas cervezas, nos confesó amargamente que ya no aguanta más. Está cansado de reciclar papeles con reclamaciones de federados. Está agotado de dedicarle tantas y tantas horas al tema federativo sin que nadie se lo agradezca. Y lo que más le duele: ya no tiene teléfono móvil federativo. Le han cortado la línea por falta de pago. Y Ramón, nuestro hombre en Guadiana, se arrojó en nuestros brazos.
Él fue quien grabó con cámara oculta la última Asamblea Ordinaria vs. Extraordinaria. Tenemos más grabaciones, que les iremos mostrando a su debido tiempo.
Su última información ha sido que el Presidente está buscando un nuevo equipo federativo, que está haciendo entrevistas para cubrir las vacantes de la Junta Directiva de cara a las próximas elecciones, quizás por eso tarde tanto en convocarlas. De cualquier manera, veamos el material que nos ha llegado a la redacción esta misma tarde:
¡Gracias, Ramón!
